Opinión
Viernes 28 de Marzo del 2025 05:07 hrs

¡AL HUESO!

¿Nunca más?


Unas fotos, con zapatos, ropas y enseres personales que localizaron buscadoras en Teuchitlán, Jalisco, hicieron rememorar el horror de los campos de exterminio nazi e impidieron las maniobras evasivas del gobierno, que buscó minimizar el drama de los desaparecidos, y obligaron a la Presidenta a dar la cara ante la infamia.

¿Quién te buscará cuando yo ya no esté? Pancarta de una madre buscadora.

Hace unos días, en Palacio Nacional, el Fiscal General de la República, Alejandro Gertz Manero, deslizó haberse sorprendido por el descubrimiento y denuncia que buscadores hicieron del centro de exterminio y crematorios de Teuchitlán, Jalisco.

En un señalamiento que le ha valido innumerables críticas, lejos de asumir la responsabilidad que su dependencia le corresponde, utilizó el horror para cargar culpas sobre las autoridades locales, principalmente sobre el díscolo ex gobernador Enrique Alfaro y la fiscalía estatal, dependencia que con apoyo de la Guardia Nacional había inspeccionado la zona sin supuestamente percatarse del uso dado al sitio.

Más aún, cuando el horror sintetizado en fotos que hicieron recordar las imágenes del holocausto había generado asombro e indignación a nivel mundial, la propia Presidenta tuvo que afrontar las culpas de su antecesor y Gertz, al atraer la investigación, inició una operación de encubrimiento, poniendo en duda que hubiese un crematorio clandestino e impidiendo a los buscadores acceder al sitio. 

“Querían encontrar hornos como los de pan”, respondió uno de los buscadores con doloroso sarcasmo, a la vez que sobrevivientes levantaron desde las sombras testimonios de lo que allí vieron y vivieron.

La denuncia sobre Teuchitlán conmocionó como si por primera vez que se conociera la magnitud de la acción impune de los delincuentes, cuando denuncias de los colectivos de búsqueda han sido constantes en todo el país, con más de 3 mil puntos detectados.

El mismo día de la revelación del sitio en Jalisco, una nota en la edición electrónica de El Universal refirió otro drama de mayor magnitud, la suma de puntos en la zona lagunera de Patrocinio, Coahuila, y sus alrededores, en que la narco-delincuencia eliminó, incineró y sepultó los restos de lo que según madres buscadoras deben ser quizás miles de personas. El rastreo y recuperación con sus propios medios tardará al menos 20 años, señalaron.

Hay que recordar aquí, en Coahuila, las cremaciones por los zetas en el penal de Piedras Negras y la masacre de Allende, casos en que la desidia de los sucesivos gobiernos no ha permitido, hasta hoy, establecer el número real de víctimas, al margen de que en el caso de Allende, Federación y Estado han sido omisos en cumplir la reparación de ley y los sobrevivientes no han logrado siquiera recuperar los bienes de sus familias.

Pese a los infamantes intentos del anterior gobierno federal por manipular las cifras y disminuir el número de desaparecidos, está claro que en todo el país el recuento histórico supera los 113 mil, 51 mil de ellos en el sexenio de los abrazos y que una cifra similar de cuerpos sin identificar permanece en las morgues o en fosas comunes.

Como no pudo controlar a los grupos de buscadores -fundamentalmente integrados por mujeres, esposas, madres y familiares de desaparecidos- López Obrador optó por ignorar el tema, nunca los recibió, cortó los apoyos, hostigó a la Comisión Nacional de Búsqueda para que falseara las cifras y llevó a la renuncia de Karla Quintana, su encargada.

Igual que su mentor, la Presidenta ha rehuido dialogar y atender las demandas de apoyo de las madres buscadoras y otros grupos voluntarios, que casi solos, con sus propios recursos, ponen en riesgos sus vidas para investigar y encontrar restos de sus familiares.

Hasta que los desaparecidos se le aparecieron cuando para politizar la situación volvió a sacar a Calderón y García Luna, trató de minimizar los hechos, salió en defensa del tabasqueño –“ya déjenlo tranquilo en Palenque”, dijo- pero no pudo parar ni con su aparato de propaganda la ola de enojo que creció y terminó por rodearla.

“¡Nunca más!”, afirmo sobre Teuchitlán, para luego rebatir las cifras de desaparecidos presentadas por la Iglesia Católica. Pero asesinatos y ejecuciones siguen y en cinco meses de su mandato las muertes violentas suman más de 13 mil, en tanto en el sexenio en curso el drama de los desaparecidos ha crecido a un nivel de 40 diarios.

¿Nunca más, así solo de palabra le cuestionaron? y finalmente ayer, acorralada por la crisis, de mala gana tuvo que reconocer la magnitud del problema y prometió que el próximo jueves presentará las bases de un programa gubernamental para atenderlo.

No lo dijo, porque se cuida de culpar a su padrino, pero deberá comenzar por retomar y rehabilitar todo lo que se había avanzado en la CNB y que López Obrador abolió.

Porque la localización de desaparecidos, su identificación cierta, el esclarecimiento de los hechos y responsables, es una responsabilidad que el Estado no cumple y que, como funcionaria y madre, por mínima moral la Presidenta debería encabezar.  






OPINION

Fuenteovejuna

Como bien dijo Rubén, lo que mal comienza mal acaba. Los dueños de lo que queda del PRI comenzaron simulando ser oposición y terminan apoyando a Morena…

www.infonor.com.mx